El fin del mundo de los zombis – 2 – En la madriguera de los zombis

(viene del capitulo 1 – El inicio de todo)

En la madriguera de los zombies

Hacía ya unos segundos o quizá minutos que había aterrizado cayendo por la entrada y todo parecía haberse detenido excepto mi mente que estaba disparada, evaluando posibilidades que al tiempo desechaba por peligrosas.

No sabía si había alguien más o peor “algo” más cerca de mi, sólo sabía que la musica que sonaba inicialmente se había detenido y que el unico sonido era el de mis jadeos intentando recuperar la respieración y la compostura. Seguía habiendo una tenue iluminación celeste, pero ya no alternaba a verde, y se había echo más suave, más apagada.

Encencer la linterna me daría la ocasión de ver el volumen del espacio en el que estaba, pero sin duda podría dar una señal clara e inequívoca de que estaba allí, y lo último que deseaba era caer en las manos de los zombies, claro que toadavía no sabía si ellos estaban allí o si eran peligrosos, pero entre el susto y la desinformación general, ya no sabía que se podía esperar de ellos.

Dejé de jadear, haciendo un esfuerzo por alargar mi respiración llenando más mi pecho y haciéndo llegar la respiración hasta el propio abdomen. Mi mente se relajó y mis ojos se fueron acomodando a la oscuridad relativa y empecé a vislumbrar el volumen de la estancia. En realidad no era pequeña ni mucho menos, pero parecía la antesala de un lugar mucho mayor del que salí el débil resplandor, que ahora empezaba a crecer de nuevo, al tiempo que la música suave y vibrante, volvió a surgir.

Alquien había decidido recibirme y continuó la fiesta para darme la bienvenida, o bien alguien quería cenarme y se propuso atraerme como a un ratón con un trozo de dátil hacia la trampa.

Fuera una cosa o la otra, estaba claro que no era yo el que controlaba la situación y que estaba a merced del entorno y de sus regidores, así que me permití experimentar y acercarme a la gran estancia de paredes rocosas irregulares de la que salía la suave música y la luz ahora ya más vibrante y cambiante de todo hacia verde e incluso rojizo, me pareció ver.

Pensé que podría ser fuego, pero no era tan amarillo ni rojo como la luz del fuego de leña y no olía a humo ni otras sustancias combustibles como gasolina o plásticos.

Pronto mi mente comprendió que era una ecuación de infinitas variables y que no podía resolverse si no empezaba a negociar, y me entregué.

Caminé lentamente y relajé mi postura, a medida que mis pasos avanzaron, mi postura se hizo más erguida, mis manos se relajaron y se abrieron, mi mirada se hizo más curiosa y entregada y menos temerosa, y el sudor de mi frente se disipó.

Quizá era el efecto de la música que a medida que avanzaba se hacía más hermosa y fuerte, el que me llevaba a ese cambio de actitud, pero no me parecía estar en una trampa ni estar atrapado, poco a poco comprendía que mi actitud era la que hacía que el entorno también se entregara más a mi.

Al poco, un cambio en la música me hizo replantearme algunas cosas, en realidad no cabía duda ahora de que había una voz humana que estaba cantando algo que no conseguía entender, pero si que podía sentir la llamada de su canto, era una llamada a mi alma o a mi ser más profundo y notaba como mi propio estado mental y emocional reaccionaba inevitablemente a esa llamada ineludible.

Como un lobo aulla con el viento y la luna llena, mi cuerpo estaba transformando esa llamada en un estado interno de placidez y alegría profunda que muy pocas veces había sentido. Esa alegría similar a la que experimentas al reunirte con un amigo al que hace años que no ves y que por fin coincide para poder contarte las aventuras de los ultimos tiempos.

Esa alegría que sucede cuando vuelves a ver a tus padres tras haberles tenido lejos duranto años.

Como se experimenta el gozo de una puesta de sol en un lugar especialemnte privilegiado.

Pero era una alegría interna, una especie de gozo inevitable, éxtasis lo llamaría sin duda.

Poco a poco, llegamos yo y mi éxtasis a la boca de la gran caverna, y la propia visión fue aún más descolocadora.

Había una especie de tribuna donde unas figuras tocaban unos instrumentos que yo no había visto nunca, algunos con arco, y cuerdas, otros eran de percusión como las tablas indias pero diferentes, más grandes, también había unas flautas y varias campanillas, pero todos estaban cantando y tocando aquella melodía misteriosa mientras mi cuerpo sentía como empezaba a flotar.

Todos mi pelos se erizaron, la imagen era impresionante y embriagadora, había también lo que se me hizo como un centenar de personas sentadas o tumbadas, algunas de pie, mirando a los músicos y bailando.

No parecía ser una horda de zombies hambrientos.

La luz parecía emanar de las propias personas y de los intrumentos que tocaban, así como había otras personas que caminaban entre la multitud llevando en grandes bandejas frutas doradas y resplandecientes que entregaban a las personas del público que les solicitaban.

No tenía el menor aspecto de ser un grupo de personas degradadas ni mucho menos, de hecho el que tenía aspecto más lamentable era yo, lleno de polvo y tierra, con algún jirón colgando del pantalón y pertrechado como para la guerra en lo que parecía la fiesta más serena y consciente a la que había asistido nunca.

Podía haber estado una eternidad de pie mirando a la multitud bailando sentados o a los músicos tocando, pero antes de que pudiera darme cuenta una mujer alta y fuerte se acercó a mi y con unos ojos azules brillantes, me sonrió, mientras suavemente así mi codo, para llevarme hacia ellos.

Algunas personas habían reparado en mi, pero no yo no me había dado cuenta y ahora estaba siendo llevado con suave firmeza, como para compensar mi indecisión, hacia ese grupo que sonreía y me miraba directamente con una mirada limpia, llena de compasión y comprensión, no me sentí juzgado ni valorado, sólo aceptado, invitado.

Cuando llegamos al grupo, que estaba en uno de los laterales de la cueva, sobre un suelo ligeramente elevado, me invitaron a sentarme.

Empezaron a hablarme con suavidad, tal que no movían apenas los labios pero yo escuchaba claramente sus palabras con sus respectivas y diferentes voces en mi cabeza. Me pareció raro, pero ya la noche había dado tanto de sí que no podía resistirme a otra novedad como esta.

Todos ellos me acompañaron con un cariñoso saludo, y me estuvieron explicando quienes eran, identificandose por sus nombres, y explicándome que estaban celebrando la alegría y que por eso estaban todos juntos allí.

Me debieron leer la mente, porque no recuerdo haber escuchado el sonido de mi voz, aunque sin duda respondieron a las pocas preguntas que tenía en ese momento.

Y aunque en una circunstancia normal habría tenido toneladas de preguntas para hacerles, no era el momento, ya que esa sensación de éxtasis profundo y que se iba enraizando en mi, hacía que todas las posibles preguntas fueran ridículas absurdas y sobrantes.

Nada tenía importancia estando allí, sólo el propio estar y permanecer conectado daba esa sensación de realidad y de pertenencia que hace que toda la vida tenga sentido.

Así que no recuerdo mucho más de lo que pasó, recuerdo que me dieron una taza grande, como una jarra pequeña de barro con una bebida caliente, y me sugirieron que la bebiera despacio, mientras escuchaba la música.

Durante todo ese lapso de tiempo, los músicos había acabado y otros les habían sustituido, algunos instrumentos nuevos y otros similares, pero las mismas expresiones de radiancia y felicidad extrema mientras presentaban sus composiciones y tocaban con amor esos instrumentos que parecían salidos de la máquina del tiempo.

Cuando las melodías alcanzaban su climax, los instrumentos parecían vibrar y se hacían luminiscentes, en las letras, que parecían ser mantras, los sonidos y las notas se mezclaban con voces que en alardes de enfasis y emoción transportaban a tu alma a estados más profundos e intensos que jamas había experimentado, aunque había oío hablar de ello.

Depués, en la placidez de lugar y del ambiente, me fue entrando sueño y no pude si no acomodarme contra una roca y dejarme dormir en el suelo más suave y tranquilo que nunca tuve.

Aunque estaba dormido, veía y escuchaba lo que sucedía y sentía el amor que emanaban todas esas personas que había allí, y me maravillaba de que los hubiera podido confundir con zombies.

Obviamente estaba entrando en otro mundo, no sabía cómo ni de que manera pero mi vida había cambiado y pocas cosas mantendrían la importancia que tenían antes.

Mi sueño se hizo más y más profundo y poco a poco perdí el sentido hasta que todo se hizo oscuro y cálido, y en esa calidez había un amor y una luz radiante que lo guardaba y velaba todo, me sentía seguro como probablemente no me había sentido en mi vida.

En ese sueño muchas cosas debieron cambiar en mi, porque al despertar no tenía idea de donde estaba, hasta que recordé la experiencia de la noche, pero si tenía claro que muchas cosas de mi vida eran dolorosamente absurdas y que estaba jugando al juego de otros en lugar de jugar el mío en mi propia vida.

Desperte y por algún tiempo permanecí en esa gran caverna tenuemente iluminada, tan tenue que mis ojos tuvieron que acomodarse de nuevo para volver a reconocer la forma y el volumen de la misma. Ya no había una multitud de personas, sólo parecía haber dos personas que estaban quietas, yo supuse que estaráin meditando, esperando a que yo decidiera despertar.

Los músicos ya no estaban tocando, ni siquiera estaban allí, pero todavía parecía que esas notas de éxtasis seguía iluminando y resonando en la sala. El resto de asistentes se habían ido y sólo parecíamos haber tres personas.

Cuando mis ojos enfocaron mejor en aquella semioscuridad levemente iluminada, reconocí a la mujer que me había tomado del hombro y me llevó al grupo.

Me miró con sus ojos azules resplandecientes lo que me maravillaba y sonrió, diciendome algo que no pude escuchar pero entendí inmediatamente.

Tenía la extraña sensación de que no hablaba pero yo sin duda la había entendido:

-Ahora hemos de marcharnos, te acompañaremos a la entrada, para que puedas volver a casa.

Yo no tenía ganas de volver a casa, pero la comunicación había sido tan clara firme al tiempo que armoniosa y casi diría que llena de cariño, que no podía discutirla.

Cuando me levanté ellos ya estaban a mi lado y me tendieron sus manos para izarme, aunque ya no hacía falta, ceremoniosamente les tomé las manos y sentí que sus manos eran fuertes y cálidas, las de ella eran más huesudas, pero igualmente fuertes, debían ser unas manos largas aunque no pude fijarme más, porque giraron mientras seguían mirándome y empezaron a caminar llevándome hacia atrás, por donde había entrado la noche anterior.

Recorrimos la caverna y luego el largo cuello rocoso hasta la pendiente por la que resbalé.

Cuando estuvimos en el pie de la rampa, me bendijeron con sus palabras inaudibles transmitiendo un inexplicable (porque no sbría que palabras usar) mensaje de paz, confianza, fuerza y amor.

Empecé a subir la rampa cegado por la claridad que provenía de la entrada y cuando giré para despedirme, ellos ya no estaban allí.

Tuve que contener mi sorpresa para no volver a caer por la rampa, y poco a poco ascendí hasta la entrada cegadora.

Maniobré usando mis manos sobre la roca y pronto estuve en el hueco bajo el saliente en una de las esquinas del andén de la vieja estación, seguí subiendo hasta que llegué a las vías y el calor brutal del Sol implacable hizo su efecto en mí:

-He de volver al coche lo antes posible, antes de que el sol suba hasta el mediodía o estaré perdido.

En unos minutos la luz cegadora ya se había hecho normal para mi y conseguí otear el horizonte y ver algo de movimiento al otro lado de la estación donde una pequeña industria intrascendente se desenvolvía mientras el día hacía su implacable barrido por la superficie del planeta.

Sin embargo noté una diferencia sustancial, el sol no me resultaba molesto, era más bien un recuerdo, me quemaba por el calor pero no me dañaba como lo hubiera hecho el día anterior, algo había cambiado en mi y mientras recorría el camino inverso, hacia el coche, fui recordando lo que había visto, aunque en realidad era lo que había sentido lo que emanaba ahora de mi, y mientras recorría el camino hacia el puente donde la carretera hacía un cambio de sentido y había ocultado el coche junto a un matorral, los conejos y las perdices salían a mi paso en lugar de huír como habitualmente harían.

Incluso traté de hablar con alguna, pero su respuesta me resultó ininteligible, obviamente no había entendido la respuesta, pero sin duda la había habido. Aunque ¿cómo puede responder un a perdiz a un humano? ¿Y una liebre?

Llegué al coche con un montón de preguntas en lo antes habrían sido dudas, aunque ahora no me torpedeaban, sólo estaban ahí y sabía que tendrían respuesta. El coche estaba intacto, el sol todavía no lo había alcanzado y no parecía haber sido descubierto por nadie.

Retiré uno de los matorrales que lo tapaba y entré en el. Tardé un tiempo en recordar que tenía que usar las llaves para ponerlo en marcha, pero finalmente lo recordé, las busqué en los inumerables bolsillos que llevaba y las saqué, y a los pocos minutos estaba de regreso a casa como siempre, aunque la sensación era más bien de como nunca antes había sido así.

Tardaría varios días en procesar y comprender lo que había sucedido, pero tenía un montón de cosas que hacer antes de volver a entregarme al éxtasis, aunque sabía que llegaría y pronto.

Revisé todos los sistemas de seguridad y nada había sucedido, los niveles de las baterías, de los depósitos de combustible.

Aunque por la noche hacía frío el sol abrasador del mediodía cambiaba todo, había un montón de detalles que comprobar, para mantener todo listo para cuando hiciera falta ser usado. Y más aún cuando salía de casa ya que no sabía qué podía haber sucedido en ese tiempo.

A menudo suceden pequeñas cosas que provocan pequeñas averías o desajustes en los sitemas, lo desafortunadamente, a veces desemboca en pequeñas catástrofes domésticas.

El nivel de automatización de mis equipos en gran medida evitaba eso, pero siempre me gustaba asegurarme de que las cosas fundamentales seguían funcionando bien: La electricidad, los depósitos de agua, el riego, los depósitos de combustible, el generador, etc.

La casa parecía estar en orden, regué el jardín y dedique algo más de atención personalizada a cada planta, a cada fruto a cada flor. Y poco después volví a mi centro de trabajo, en el garaje. Descargué todas las cosas que había llevado y no había usado, las linternas la radio, los guantes…

El chaleco y el pantalon con un buen jirón de la caida en la entrada de la cueva. Me duché y comprobé que sólo tenía un moratón en el muslo, nada importante.

Mi mente esta tranquila, me sentía cómodo, aunque sabía que tenía que hacer cambios, pero no me inquietaba. Algo había mutado en mi forma de sentir. Todavía tenía ese sentimiento de éxtasis conmigo, era realmente un regalo.

Me dispuse a conectarme al mundo y encendí el ordenador que usaba para mis comunicaciones con usenet. Aunque no esperaba lo que iba a encontrar.

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Acerca de

No hay mucho que decir de cierta importancia sobre mi. Soy Sikh, profesor de Kundalini Yoga, también formador de profesores de K.Y. y doy algunas clases de K.Y. He sido programador de páginas web con resultados dispares. También he sido profesor de programación y diseño elemental de páginas web con HTML, JavaScript y PHP. Afortunadamente colaboro con una academia de renombre en el aspecto técnológico: CICE, donde doy cursos basados sobretodo en tecnología web: PHP, Javascript, HTML, CSS, Ajax. Así como MySQL http://www.ciceonline.com Siempre relacionado con tecnologías de código abierto. Ahora estoy volcado en un proyecto de comunidad yóguica en el campo, en Guadalajara. Well there is not more important to say about Devta except that it's me! I am a Kundalini Yoga Teacher, spanish, fallero, and I had being a computer programmer, oriented to PHP and Web Pages and Web Applications. Fortunatly I work in CICE, a technology and computer academy, in Madrid. http://www.ciceonline.com. There I teach PHP, Javascript, HTML, CSS, AJAX and other web related techonolgy, and MySQL. Always related open source technology and code. Now I teach K.Y. classes and teachers training courses. More and more I am working to build up a little yoguic community in the country, in Guadalajara, near Madrid (Spain).

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3 comments on “El fin del mundo de los zombis – 2 – En la madriguera de los zombis
  1. […] Publicado en Uncategorized a 12:41 pm por devta singh (Inicio:  capitulo 1 – El inicio de todo) (sigue en el capitulo 2 – En la madriguera de los zombis) […]

  2. Dev Dharam dice:

    Hola Devta!! ¿Cómo va todo? ¿Ya te has hecho el bunker ademas de la jaula faraday.. jajaja? Interesante cronica de un futuro anunciado y negado por tantos…
    Yo desde que leí a Patrick Geryl tengo mis sentidos alertas también en Usenet y tantos y tantos foros y blogs del tipo exitway.wordpress.com, conscienciayrealidad.com, voltairenet.org/en, thezeitgeistmovement.com, davidicke.com, divinecosmos.com, rafapal.com…. y tantos otros…
    Prepara tus orgonitas y vigila el cielo de Seseña en busca de Chemtrails…
    La cuenta atras ya ha empezado. Bienvenido al Nuevo Orden Mundial…
    Sat Nam.
    Dev Dharam

    • devta singh dice:

      Carámbanos, yo que me metía para relajarme un poco y veo los seis o siete links que has puesto y dan ganas de escribir ya el tercer capítulo.

      Dev Dharam!

      Que caro eres de ver!

      Gracias por los enlaces al gunos son muy buenos, y bueno, están los clásicos.

      Que pena que no podamos considerarnos conspiranoicos, se dormiría tan bien…

      De cualquier forma seguimos moldeando nuestra nueva vida, ya queda menos para salir del capullo.

      Sat Nam
      Devta

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