El fin del mundo de los zombis – 1 – El inicio de todo

(Inicio:  capitulo 1 – El inicio de todo)
(sigue en el capitulo 2 – En la madriguera de los zombis)

El inicio de todo

Todo empezó el día después de mi cumpleaños. Hacía un mes que había sido el solsticio de verano y aunque el calor bochornoso arreciaba ya estaba claro que energéticamente el verano estaba cayendo.

Esa noche había un eclipse total de sol que podrían ver los habitantes de los países asiáticos. Coincidió con el descubrimiento por parte de un astronomo aficionado de un cráter en Júpiter del tamaño de La Tierra.

Hacía apenas unos días me había librado de unos problemas enormes que amenazaban con colapsarme totalmente y por fin podía respirar un poco y volver a la rutina.

La rutina de mi día a día era tan cambiante como la cara vista de la luna, que siendo la misma siempre se muestra diferente.

Había sido un día sofocante y extraño. El calor brutal había sido mayor si cabe por el viento caliente y sucio que arrastraba arena y polvo, dejando la atmósfera sin apenas visibilidad.

La sensación más rara fue percibir los granos de arena impactando con mi piel en un lugar tan alejado de la playa, que parecía imposible.

Mientras avanzaba contra el viento y trataba de protejerme los ojos de la arena. Las ramas caídas y los arboles en un estado de agitación cercana al paroxismo de un terremoto, aumentaba la tensión y se palpaba algo extraño y peligroso en el entorno.

El coche había estado dos días con las ventanillas bajadas y estaba realmente lleno de arena y trocitos vegetales de distintos e irreconocibles orígenes.

Era un día ideal para el fin del mundo, sin embargo eso no hizo más que comenzar, apenas apuntarse.

Las televisiones azuzaban ante la falta de noticias relevantes las clásicas consignas políticas y las noticias sobre la mortandad y la expansión de la gripe A, que fue la primera pandemis mundial pero no la única ni la más grave. Los fuegos forestales campaban por sus anchas en todo el país, y todo parecía perfectamente orquestado para dar pávulo al miedo. La única nota realmente discordante eran los absurdos fichajes de futbolistas millonarios en verano. Pero ese fue el último año que oí hablar de fútbol.

Me metí en Internet a ver si veía alguna canalización reciente interesante, y encontré las típicas que avisan de mil problemas y las generales que hablan del amor y del compromiso y todas las monsergas típicas de sectas milenaristas sin fecha de referencia.

Aunque yo tenía muy grabada la fecha de 2012 como año clave, y todas las fuentes que consultaba lo referían, en realidad no había concreciones sobre el mismo.

Incluso había fechas tan dispares como el 22 de diciembre de 2011 o el propio solsticio de verano de 2012, algunos hablaban de 2013 y entre ellas todas las explicaciones vacías y huecas que luego fueron tomando forma a medida que la realidad se fue abriendo paso.

Al principio no parecía pasar nada, pero pronto las personas comprendieron que algo no estaba bien. Los medios hicieron biuen su papel y durante unos meses mantuvieron entretenidas a las personas que no quería saber nada.

Mientras tanto el Sol seguía mutando y cada vez más su presencia desequilibraba más los sistemas de comunicaciones inicialmente, las mentes en segundo lugar y para acabar todos los sistemas eléctricos que dejaban de funcionar o se estropeaban durante minutos u horas.

Los medios no tuvieron más remedio que darle cabida cuando los casos de aviones estrellados, barcos encallados en plena maniobra de atraque u aproximación a las costas y accidentes de tráfico se hicieron más y más populares.

Aún tardaron meses en hilar las causas, pero un grupo de locos desheredados y sin ninguna credibilidad ni equipamiento fiable, dieron una serie de datos que resultaron ser tan rotundos y contrastados que se hicieron famosos.

El sol está enfermando, dijeron inicialmente.

Tenemos datos contrastables sobre el aumento de la actividad solar electromagnética y eso está afectando a los campos eléctricos de la tierra.

Hemos establecido correlaciones entre las explosiones solares y picos en las interferencias electromagnéticas en La Tierra. Y muchas de las averías que han causado esas tormentas solares han afectado a sistemas críticos como navegación aérea o los sistemas de control de comunicaciones o de vuelo de los aviones en grandes aeropuertos del mundo.

Millones de personas han podido comprobar como el número de satélites GPS disponibles han sido mermados a pares y muchos suscriptores de televisión por satélite, han tenido que recodificar sus equipos y otros han tenido que adquirir equipos nuevos por averías en los receptores y decodificadores de la señal.

Ya había demasiadas interferencias coincidiendo en franjas horarias tan estrechas que no permitían lugar dudas.

Las antenas caseras que ese grupo de aficionados de pacotilla habían estado registrando la actividad solar durante más de 15 años y estaban ante un cambio del patrón de comportamiento.

No se podía hablar de tormentas solares en los medios oficiales, pero internet y en especial usenet estaba plagada de mensajes sobre ello.

Bastó un traspiés en la política informativa de un par de gobiernos, para levantar la liebre y que los medios en la búsqueda loca por la novedad y la exclusiva empezaron a desempolvar centenares de datos de grupos similares todos corroborando las mismas medidas, y al tiempo desautorizando las medidas oficiales de la ESA, la NASA, y tantas otras agencias gubernamentales.

Fue sólo un día tórrido y lleno de un aire incómodo caliente y gris, casi blanquecino, en el que el cielo no tenía ningún tono azulado, y sólo fue el principio.

Primero las bajas fueron justificadas por la gripe A, más tarde hubo movimientos masivos de población para prevenir exposiciones prolongadas a la radiación, y en realidad nadie sabía lo que sucedía.

Milagrosamente la sociedad seguía en su doloroso parto de conciencia, mientras sus miembros se afanaban en comprar o buscar un trabajo, ajenos a todo, aunque cada vez con una inquietud mayor.

Algunas personas faltaron a sus puestos de trabajo, pero se achacó a la gripe A, y a problemas de suministro y de transporte, pero cada vez era más obvio que había algunas incoherencias y se acabaría notando que una buena parte de la población estaba desapareciendo o desertando.

Con el tiempo la gente acuño el término de “se ha ido” y le dieron un valor especialmente misterioso entre la ausencia inexplicada y la desaparición forzada.

Comunmente podías oír de personas que “se habían ido” y de otras que se iban de vacaciones, y aunque se usaban los mismos verbos y palabras había algo en la expresión y en el movimiento de la cabeza o de los ojos del interlocutor que dejaba muy clara cual de las dos era la adecuada.

Pronto pasó un año y practicamente todo estaba patas para arriba, aunque la economía había repuntado inicialmente, ya que los gastos sociales se había reducido, -muchas de las víctimas de la gripe A había muerto, y otras estaban “realojadas” en lugares ignotos-. Pero la ausencia de cada vez más personas empezó a minar los engranajes del tejido productivo.

El primer sector que lo acusó decididamente era el transporte.
Se decía que porque los condutores estaban más expuestos o tenían más información real, de primera mano, pero lo cierto es que la falta de un chofer de autobús, de un camionero, de un repartidor, complicaban la logística de forma formidable.

Eso hizo que cada vez fuera menos fácil obtener repuestos, consumibles y alimentos, y más tarde empezaron realmente a escaser.

Los medios ya se entregaban a las campañas del gobierno adviertiendo que no se comieran alimentos que hubieran estado expuestos al sol. Es decir ningún alimento primario, excepto los controlados por los mecanismos de seguridad del propio Gobierno.

Mi trabajo continuó a trancas y barrancas, hasta que uno de los ausentados resultó ser un controlador del sistema de compensación de redes eléctricas que asegura el buen funcionamiento de la red y que la electricidad pueda llegar a cada casa.

Ese día también hacía calor y de repente la luz se fue.

No me afectó, ya que tenía una batería de emergencia y pude cerrar el sistema sin producir daños ni pérdidas. He de decir que mi cuarto de trabajo era una jaula de Faraday construida con tela gallinera y puertas de alambrada, desde que los fallos eléctricos empezaron a ser tan frecuentes como los cortes en la señal de Internet.

Mi propia jaula de farady, era un sueño que tenía previsto cumplir algún día, pero finalmente al igual que aquel muchacho expectante por vivir un huracán, deseaba no haberlo deseado.

El humano aprende lentamente y sólo a posteriori si hay suerte, pero mi jaula de Faraday me protegía de la mayoría de interferencias radioeléctricas de mi cambiante entorno.

Durante aquel largo año, el invierno fue muy crudo y el verano también, aprendía a cubrir las plantas y protejerlas, construí un pequeño invernadero que si bien no evitaba las heladas, las mitigaba y eso ya era algo.

La escasez de todo fue aumentando, y poco a poco los pocos operadores disponible empezaron a hacer su propio mercado y negocio particular con los productos de la empresa, a veces regalándolos a cambio de ventajas o bienes mayores, y otras veces subiendo astronómicamente el precio de las cosas.

A mi no me pilló desprevenido y me había ido equipando con varios miles de litros de combustible en unos depósitos en un doble fondo del garaje, construido adhoc. También tenía un conjunto de baterías y placas fotovoltaicas, así como varios molinos de viento que cargaban el sistema de energía. Aún así preferí seguir utilizando el circuito tradicional de energía para no despertar sospechas con el cambio en mis patrones de gasto. Pero yo estaba perfectamente preparado para lo que yo pensaba era lo peor que podía pasar: Carestía absoluta y aislamiento.

Aún así estaba en un pueblo demasiado expuesto, ya que estaba situado en la misma carretera general y se veía a kilómetros de distancia al estar en un gran llano de la meseta.

Aún pasó tiempo antes de ver los primeros zombies físicos, pero ya se intuía que había zombies mentales, la red de mensajes usenet estaba llena de mensajes al respecto con recetas tan peligrosas para los zombies como para los que las empleaban.

Al parecer la imaginación de las personas también se estaba dejando llevar por una situación que nos desbordaba a todos.

Un día, circulando con mi vehículo vi como de un ambulancia sacaban un cuerpo en convulsiones con unas zapatillas deportivas y un pantalón que identifiqué posteriormente en un viandante. Esa persona no parecía seguir un patrón definido al caminar, y parecía chocar contra un montón de obstáculos invisibles pero que iban alterando su rumbo constantemente. Aunque tardé en olvidar esa visión, no lo relacioné con los zombies, hasta que un més más tarde volvía de la capital y reconocí las mismas zapatillas por sus típicas marcas reflectantes aunque mucho más sucias y el mismo pantalón deportivo esta vez aparentemente hecho harapos, aunque de un color y tejido similar.

Aún así era de noche y tardé en asociar ambas cosas, pero recordé dónde había visto a la persona que los vestía y me pregunté qué podía haber por ahí.

Tardé varios días en darme cuenta de que se trataba de la antigua estación de ferrocarril que en tiempos había alimentado la prospera industria local, trayendo materia prima y llevando producto elaborado, pero que había quedado en desuso.

Me faltó tiempo para comprender que los depósitos subterráneos de la estación estaban siendo la guarida de más de una persona de las que “se había ido”.

Y me empezó a picar la curiosidad y las ganas de ir a ver que pasaba allí.

En realidad yo era un privilegiado porque mi trabajo de diseñar y mantener páginas web siempre me había permitido un trabajo separado de la masa y de la sociedad en general y mis idas y venidas eran la norma y la pauta general que todos había asumido acerca de mi. Sabía que el hecho de llevar turbante me ponía en el punto de mira, pero para los locales era ya conocido y para los extraños ya no era raro nada, cosiderando lo que los medios emitían.

Tenía que acabar un proyecto, pero no tenía “la inspiración” para hacerlo y estaba deambulando entre mis equipos, entre la casa y el garaje.

Pero por fin había luna nueva y era ideal para salir y no ser visto.

Incluso la luna llena era peligrosa por la radiación que reflejaba, lo llamaban calor frío, y hacía que la piel y las plantas acusaran un nivel de calor y quemaduras que sólo el viento frío del invierno disimulaba.

Había empezado todo hacía año y medio y aunque había conseguido mantener mi nivel de aprovisionamiento, de víveres y combustible, sabía que era una situación insostenible, algún día llegarían y algo sucedería y yo mismo sería uno de esos “que se fueron”.

No podía soportar la idea de que me sucediera algo tan misterioso. Y no era el temor al hecho en sí de desaparecer, de perder mi vida, sino más bien al de hacerlo sin un motivo o peor aún, sin la comprensión de un porqué.

Así que bajé al garaje y escribí unas notas que encripté y envié a algunos contactos en usenet. Ya apenas utilizba Internet para cosas en las que hubiera que identificarse, ya que todo era rastreado, sin embargo había formas de dejar mensajes que todavía no habían sido localizadas ni rotas por los robots crackeadores de esteganografía.

Tomé varias linternas y algunas herramientas imprescindibles, un hacha de mano y un pequeño soplete así como un extintor de mano, una botella de agua y un botiquín. Y también una radio FM portátil con un generador de manivela que podía funcionar largo tiempo.

Pensé en llevar comida, pero supuse que sería como meterse en la boca del lobo llevando un salchichón y esperar que no masticara. Así que revisé el equipo puse baterías recien cargadas a las linternas y me preparé todo con un chaleco negro con bolsillos para poder llevar todo encima y poder reptar o descolgarme por algún agujero. También cojí una cuerda y varios mosquetones.

Tomé el coche y salí hacia la capital, pero cuando llegaba al primer desvío con un cambio de sentido, donde había un puente que cruzaba la carretera, apagué las luces y frené para poder tomar la curva, casí me la paso porque los ojos no se acomodaron a la visión nocturna en la noche tan oscura, pero el cielo estrellado me ayudó y pude salir de la carretera,. Atravesarla por arriba y volver a hacer la curva para retomar la carretera, sólo que dejé el coche bajo el puente, detrás de unos arbustos bajo el puente, de esta forma sería más lento que lo descubrieran y me daría hasta el amanecer de margen, afortunadamente el caballo azul oscuro no me delataría hasta que el sol bien alto, lo hiciera reflejar su luz de espanto.

No sabía dónde llegaría pero estaba preparado para acabar allí mismo, lo único que me motivaba era comprender.

Caminé entre el arcén y los matorrales siguiendo el camino hacia la estación, aunque preferí hacerlo campo a través para evitar detectores de movimiento o de infrarojos puestos en las inmediaciones de la carretera. Tropecé un par de veces y una de ellas estuve a punto de perder las gafas, lo que me alarmó un poco porque los miopes no llegamos muy lejos sin los detalles que nuestras sempiternas lentes nos proporcionan. Aún así, siendo tan oscura la noche, costaba distinguir los detalles del terreno.

Me fui acercando a la antigua estación de ferrocarril y comprobé que no había actividad lo que me desilusionó, ya que había caminado más de un par de kilómetros para llegar sin ser visto y no me parecía que fuera razonable seguir si no veía ninguna señal de vida.

Aún así continué siendo tan sigiloso como el pedregoso terreno me permitía, ya que ese crujido a cada paso, sin duda me delataba. Por algún motivo estaba seguro de que habría mucha actividad en la zona, pero a esa hora en una noche fría y tan estrellada como oscura, nada se movía salvo una leve brisa que cortaba la piel.

Decidí esperar ya que salvo la cara, y las manos el resto de mi cuerpo estaba perfectamente cubierto y protegido y podía esperar una hora calculando a lo gordo, lo que podía mantenerme allí inmóvil sin resfriarme.

Me recliné sobre un viejo olivo, cerca de la estación y cubierto por su follaje, pero al mismo tiempo con una buena visión sobre la vieja estación, decidí esperar.

Sólo había un problema, mi reloj sin luz no me parecía muy útil ya que el cristal reflejaba las estrellas pero no dejaba iluminar suficientemente las manecillas.

Esperé lo que consideré que había sido una hora y constaté para mayor desilusión que no había ningún movimiento, salvo los olivos mecidos (con sus crujidos respectivos) por la brisa. Las hojas lanceadas se mecían generando un ruido similar al ruido que las perturbaciones solares producian en los altavoces de nuestros equipos de seguimiento. Radiación cósmica, nieve, u hojas, obviamente había un patrón matemático en la señal o en la forma de percibirla que se repetía, pensaba mientras mi atención se iba reduciendo.

Entonces pensé en el depósito que yo había visto unos años antes de que todo comenzara. Calculé que estaba al otro lado de la estación y un poco más abajo según el camino que llegaba asfaltado desde el cambio de sentido, es decir que tenía que cruzar el camino o rodear la estación cruzando las vías, no había otra forma de llegar.

Me levanté y me di cuenta de lo entumecido que me había dejado el frío y la postura estática. Pero me sobrepuse y continué caminando.

Decidí cruzar las vías ya que podría llegar al depósito sin cruzar el camino ni exponerme a la puerta principal de la estación que parecía más muerta que la luna en esa noche oscura.

Llegué a las vías y me agaché hasta reptar sobre ellas, comprobé que el óxido que tenían marcaba que no se había untilizado en años, décadas probablemente. Atravesé las vías y me deslicé hasta el final del andén donde había un quiebro en el hormigón y apareció ante mi un agujero que emanaba una tenue luz azul que a veces se hacía verde, de forma intermitente pero irregularmente. Se diría que era la exhalación de un dragón dormido, pero me produjo tanta curiosidad que me acerqué a la abertura.

Pude escuchar algo de sonido y fijándome noté que era música. No era música conocida, era rara pero muy hermosa, y había alguien cantando aunque los instrumentos que se escuchaban generaban también una especie de voz.

Pensé que si me sujetaba con una mano y me acercaba más podría ver algo pero lo único que conseguí fue resbalar y tropezar hacia adelante, cayendo en una especie de pozo inclinado, como la rampa de una madriguera pero de tamaño humano. Aunque mi sorpresa me hizo gritar interiormente, no salió ni un solo sonido de mi boca, mientras caí rodando y resbalando hasta detenerme topando bruscamente con una pared de roca en lo que parecía el final del descenso.

La rampa debía tener unos seis metros y no se veía desde el agujero porque estaba formando un ángulo con la abertura, parecía un buen escondite, además la propia sombra del voladizo final del andén guardaría la entrada.

La música se detuvo y eso me alarmó:

He entrado en la madriguera de alguien que no me espera y se ha dado cuenta”.

Pensé inmediatamente.

Sin embargo lo que vino a continuación todavía no puedo describirlo.

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Acerca de

No hay mucho que decir de cierta importancia sobre mi. Soy Sikh, profesor de Kundalini Yoga, también formador de profesores de K.Y. y doy algunas clases de K.Y. He sido programador de páginas web con resultados dispares. También he sido profesor de programación y diseño elemental de páginas web con HTML, JavaScript y PHP. Afortunadamente colaboro con una academia de renombre en el aspecto técnológico: CICE, donde doy cursos basados sobretodo en tecnología web: PHP, Javascript, HTML, CSS, Ajax. Así como MySQL http://www.ciceonline.com Siempre relacionado con tecnologías de código abierto. Ahora estoy volcado en un proyecto de comunidad yóguica en el campo, en Guadalajara. Well there is not more important to say about Devta except that it's me! I am a Kundalini Yoga Teacher, spanish, fallero, and I had being a computer programmer, oriented to PHP and Web Pages and Web Applications. Fortunatly I work in CICE, a technology and computer academy, in Madrid. http://www.ciceonline.com. There I teach PHP, Javascript, HTML, CSS, AJAX and other web related techonolgy, and MySQL. Always related open source technology and code. Now I teach K.Y. classes and teachers training courses. More and more I am working to build up a little yoguic community in the country, in Guadalajara, near Madrid (Spain).

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2 comments on “El fin del mundo de los zombis – 1 – El inicio de todo
  1. Rafa dice:

    Bueno, ¿para cuándo la 2ª parte?.
    Acaba lo que empiezas ¿eh?, que nos hemos quedado con ganas.

    Un abrazo.

    Sat Nam

  2. Rafa dice:

    Jejejeje
    con las prisas de siempre no he visto el enlace arriba.
    No he dicho nada.
    Saludos.

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