01.30.08
Dios, me olvidé de ti, pero al final te encontré, en mí.
Me puse a buscar a Dios y lo encontré.
Busqué a Dios en el caos, y lo encontré,
pero en el propio caos lo perdí.
Busqué en el orden y lo encontré,
pero en esa rigidez lo perdí.
Busqué a Dios en la comida y lo encontré,
pero me indigesté.
Busqué a Dios en la bebida, y lo encontré,
pero en la borrachera de Dios me olvidé.
Busqué a Dios en el sexo, y lo encontré,
pero al final, me agoté.
Busqué a Dios en los amigos y lo encontré,
hasta que les fallé.
Busqué a Dios en mi familia y lo encontré,
hasta que con ellos me peleé.
Busqué a Dios en mi comunidad y lo encontré,
hasta que en sus fallos me fijé.
Busqué a Dios en el mundo, y en la sonrisa de los niños lo encontré,
pero viendo las noticias de ti, Dios, me olvidé.
Dios, te busqué en todo el mundo y en todo te encontré,
pero no supe mantenerte en mi.
Perdido vagué hasta darme cuenta de que habitaste siempre en mi.
Desde entonces ya no te busqué más.
Sólo aprendí a verte en todo y en todos mis hermanos,
y en todo lo que existe.
Y siempre fui feliz.