11.27.07

El Sol y la Luna fueron felices

Publicado en Cuentos, Uncategorized en 10:47 am por devta singh

Había un sol, que se creía El SOL, y hubo una luna que no se sabía La LUNA.

Ambos, paseando, se conocieron antes de que la luna fuera ella misma. Pronto, tan jóvenes, empezaron una relación. Todo era bonito y en el atardecer de la galaxia, fumaban juntos polvo interestelar mientras se decían tonterías. Iban a las fiestas de las pléyades y a veces se rozaban las caderas en el cinturón del impresionante Orión.

El tiempo pasó y la Luna decidió evolucionar. Y pronto en sus ejercicios orbitales, fue descubriendo que tenía sus propias cualidades, y se decidió a explorarlas. Poco a poco fue viendo que ella misma podría ser una luna, quizá quien sabe llegaría a ser Luna. El camino era interesante y ella iba aprendiendo muchas cosas. Comprendió el efecto que tenía sobre las mareas, y empezó a experimentar con la nutación, un leve movimiento de su eje de giro. Era interesante aprender a sentirse ilimitado y crecer en conocimiento.

El sol no había tenido tanta suerte, por circunstancias, decidió dejar de ser una estrella y lo intentó dos veces, pero no le aceptaron ni como gigante roja ni como enana blanca, y desde entonces, se quedó trabado en esos dos estados, de vez en cuando tenía una fase de estrella normal, tirando a rojiza, aúnque cuando le emanaban esos destellos azules era tan intenso, que la luna no podía dejar de sentirse recompensada.

Decidieron trasladarse a otro sistema solar, y mientras se acoplaban en sus órbitas, la luna ya empezó a parecer una Luna completa. El sol no tuvo la misma suerte y no acabó de encontrar su orbita precisa, a veces se descontrolaba y se convertía en una gigante roja abrasando a la luna que intentaba mirar para otro lado para no ser cegada. En otros momentos, el sol se transformaba en una enana blanca, densa y profundamente comprimida, y en esos momentos la luna buscaba a su sol para poder reflejarlo, como buena luna que era, pero no lo encontraba.

El sol se fue hartando de que la luna no le reflejara, pero no se daba cuenta de que cuando era una gigante roja abrasaba a la luna hasta chamuscarla, y cuando se convertía en una enana blanca, su tamaño y su brillo se reducía tanto que costaba encontrarle y era completamente imposible reflejar esa luz pálida y apagada, hasta las estrellas del resto de la galaxia brillaban más que el.

La Luna, fue adquiriendo la capacidad de emanar su propia luz, aunque estaba encantada de poder reflejar a su Sol (para ella siempre había sido un Sol, aunque estaba dándose cuenta de que quizá sólo era un sol, quizá incluso un proto-sol).

El sol, seguía irritándose porque la luna no le dedicaba el 100% de su reflejo, pero no se daba cuenta de que la Luna ya estaba irradiando su propia luz, e inconscientemente se sentía celoso.

Afortunadamente el nuevo sistema solar pasó por una zona de la galaxia donde una nube de polvo interestelar, había creado un par de meteoritos. Uno de ellos, alcanzó el sol, dándole en el corazón mismo.

Cuando el sol se dió cuenta del dolor que sufría, todo desapareció para él. Nada existía ni era más importante, sólo estaba su dolor. El sol, gemía y se quejaba sin darse cuenta de que en sus convulsiones estaba abrasando a la luna. Esta, manteniéndose obediente en su órbita hacía todo lo posible para no tiznarse, pero el color que tenía recordaba a las piedras sobre las que se hace fuego.

Cuando la luna estaba a punto de marcharse a otra órbita, el segundo meteorito la alcanzó. La luna, que era mucho más pequeña que el sol, perdió el conocimiento y el sentido de la rotación y dejo de girar para protejerse del calor abrasador del sol.

El sol, pronto se dió cuenta de que la luna era negra y no reflejaba ni emanaba luz en absoluto, también observó un agujero que la atravesaba, pero no encontró otra forma de reaccionar que encogerse.

Siendo de nuevo una enana blanca -la práctica le había dado la facilidad de hacerlo casi instantáneamente- y esperó, como siempre hacía, al fin y al cabo el tiempo giraba en torno al sol, el era el dueño de todo en su sistema.

La luna, poco a poco comenzó a respirar y aunque intentó rotar, no pudo hacerlo. Mientras la luna seguía en su órbita alrrededor del sol abrasador, trató de pedirle ayuda, pero no lo vió. El sol convertido en una enana blanca y estando tan dañada y tiznada la luna, no pudo distinguirlo del fondo de estrellas.

Y la luna comenzó a llorar.

Lloró luz, lloró asteroides, lloró pequeñitas estrellas, planetitas, y hasta nubes de polvo, y luego agua, en abundancia. A medida que el llanto le ayudaba a sacar el dolor de su corazón agujereado, el tizne se fue levantando y pronto comenzó a recuperar su propia luz, esta vez, extrañamente rosada, suave, segura, cálida.

El sol en un rincón de su órbita veía con asombro el proceso y de repente se acordó de su profundo dolor. Que paradójicamente había desaparecido durante la desaparición de la luna. Y trató de hacer volver su dolor. Le dolió, le dolió mucho, pero ya no era lo mismo, se dio cuenta que su dolor respondía a una decisión. Penso mucho sobre ello, pero no consiguió comprenderlo, su dolor era tan real, y era tan doloroso…

Sin embargo la transformación de la luna en un ser tan majestuoso le hizo pensar, recordó todo el tizne que vio sobre la luna, observó las quemaduras viejas y nuevas en su rostro y vio la fuerza de su llanto desesperado.

También vio el dolor que la luna había superado y la extrañamente cálida luz que desprendía ahora.

Penso si el no podría hacer algo parecido. Al fin y al cabo a él le gustaba ser como era, pero era tan doloroso… Pero no fue su dolor el que le impulsó, ya que el se sentía a gusto con su dolor auto infligido. Si no el dolor que había causado a la luna, ahora ya una Luna completa, llena totalmente. Y decidió experimentar.

Pronto el Sol comenzó a irradiar su propia luz, sin tener que crecer hasta ser una gigante roja, y no se permitió desaparecer en una enana blanca. Estuvo un tiempo y aunque tuvo algunas recaídas, poco a poco comenzó a ver como todo su entorno se polarizaba gracias a su presencia y el viento solar comenzaba a refrescar a la Luna que ahora estaba llena todo el rato.

El sol comprendió, le llevó su tiempo, que su estado natural era el de un sol estable, cálido y fuerte, constante y generoso, y que eso permitía a los planetitas crecer y madurar y a la Luna reflejarle. Él mismo se había desembarazado de ese dolor atroz, que ya no entendía como había podido soportar tanto tiempo.

La Luna que ahora se sentía ella misma como nunca, no tenía reparos a reflejar la luz del sol, porque sabía que ella misma tenía su propia luz, pero la combinación de ambas era la que alimentaba a los planetitas que iban engordando poco a poco en el nuevo sistema solar.

Y aunque siguieron disfrutando mucho tiempo de su relación nunca más confundieron su presencia con su reflejo o fueron abrasados o desaparecieron. En los planetas se desarrollaron civilizaciones avanzadas que cumpliendo su ciclo surgieron y cayeron y muchos microseres vivieron gracias a la armonía que el sistema había alcanzado.

Y cuando de vez en cuando un cometa viajero pasó por el sistema varias veces escribió en su libro de bitácora:

Desde que el sol aprendió a ser constante y generoso, a pesar de sí mismo. Deesde que la luna aprendió que ella era ella misma y no se dejo abrasar, ni quedar afectada por la desaparición del sol, manteniendose segura y constante. Desde ese momento, nació un sistema solar donde Sol y Luna viven felices. Y de vez en cuando ven nacer un nuevo planeta, mientras en estos, los humanos crecen y mueren siendo felices o no, buscando las raices de su esencia.

El cometa tachó definivamente el primer título que había puesto en uno de sus viajes anteriores:

El sol violento y la Luna resignada, y lo sustituyó por: El Sol y la Luna fueron felices.

Y aquí acaba este feliz relato, como la vida misma.

02.13.07

El encuentro

Publicado en Cuentos, Mouro en 6:55 pm por devta singh

Las miradas en las que coincidieron resultaron intensamente magnéticas, había algo raro porque resultaban extrañamente conocidos. ¿Habría alguna posibilidad de haber conocido a esa mujer?

No recordaba esos ojos, pero por otra parte, estaba empezando a ver lo que había en ella, lo que había en su pasado y en su corazón, y tuvo el pálpito de que pronto estarían juntos. No podía describirlo de otra forma.

Siguió atendiendo al conferenciante, que no parecía fijarse en ese raro baile de miradas.
Los labios de ella se movían acompasadamente con sus ojos, y los pómulos parecían prometer una sonrisa, pero era demasiado pronto para saberlo y era demasiado tarde para intentar algo diferente, la conferencia había empezado y faltaban horas para acabar.

Cuando el conferenciante que en realidad actuaba de maestro de ceremonias, les cedió la palabra, ella no dejó en ningún momento de ser precisa ni de emplear las palabras adecuadas, descriptivas y exactas para transmitir su mensaje.

Que mujer tan clara y tan solemne, sin ser innecesariamente seria, pensó él.

Sin embargo cuando fue su, resultó ser como un interrogatorio, no consiguió expresar sus ideas con claridad y varias veces tuvo que comenzar de nuevo.
Afortunadamente no duró demasiado la tortura y pronto se pasó a un descanso, en el que tuvieron la ocasión de presentarse.

Ella no había quedado impresionada por la dialectica que desplegó él en su intervención, pero ya le conocía y seguía de cerca su trabajo, con lo que supo que estaba nervioso. Se acercó a el, rodeando la sala, cuando llegó a su altura, sonrió y mientras el le extendía la mano para saludar en lo que pretendía ser un gesto profesional y de reconocimiento. Entonces ella, frente a el, le puso la mano derecha en el pecho, y posó suave pero firme su mano izquierda en el pecho corpulento. Y mirándole a los ojos le dijo: No te preocupes suele suceder a la gente que no me conoce, ya hablaremos más tarde, pero ahora es importante que te centres y te olvides de que estoy aquí. Es por el bien de todos.

En ese momento, una nube de paz y dulzura inundaron su corazón y su mente se calmó, supo que ella decía lo adecuado. Ahora no era el momento para perder la cabeza. Estaba en juego la vida de millones de personas y no se podía dejar al azar el desarrollo ni el funcionamiento del plan.

La conferencia continuó varias horas más y llegó la hora de interrumpirla hasta el día siguiente. El había dado un discurso enfervorecedor y había conseguido un acuerdo en la planificación básica de la colonización. Faltaba concretar algo más el presupuesto de cada lanzamiento y establecer el calendario de entradas, pero lo esencial estaba hecho.

Ella se sintió contenta de haber contenido la situación, y este era el momento que durante la primera hora había esperado. Escuchar su voz, poderosa, pero suave, modulada, sentir sus ojos, cerca de ella, mirándola. Y esas manos enormes y fuertes.
Había llegado el momento de reconocerse. Porque él no se acordaba.

Al salir de la sala, ella procuró salir antes que él, dejanle ver hacia dónde iba y se acercó al pasillo perimetral de servicio, una zona poco transitada, pero nada sospechosa. Se aseguró de que el la había visto y supo esperar sin mirar hacia atrás. Podía sentirlo, se acercaba con el corazón abierto, como un niño pequeño.

El la alcanzó en unos minutos tras asegurarse de que los colegas de los que se había despedido no se fijaban en él. Pensó que lo mejor sería seguirla e iniciar esa conversación tan ansiada. Ahora si que podía liberarse de su duda y saciar su curiosidad por aquella mujer extraordinaria. Caminó lentamente y rodeo los ascensores de cristal, con la intención de no hacer el mismo camino que ella. A la vuelta de la ultima torre del ascensor, giró y la vió, majestuosa, recostada sobre un gran ventanal polarizado que dejaba ver una parte del espectro visible, creando una imagen increíblemente bella y profunda.

Mientras se aproximaba a esa mujer misteriosa, pensaba en ese contraste, los ojos negros como el fondo del espacio, su leve sonrisa con la frialdad del exterior y su postura firme pero relajada, en este tiempo de crisis. Le daba confianza en ella. El comentario que le hizo antes le había tranquilizado, pero no sabía como iba a reaccionar al estar con ella, a solas.

Antes de que el llegase, ella giró su cabeza y mirándole, sonrió. Luego su cuerpo entero en un movimiento natural y preciso, volteó y abanzó dos pasos hasta alcanzarle.

Ella miró al hombre y le vió en su enormidad física, ligeramente inseguro, expectante pero al tiempo relajado, quizá por el cansancio.

-Hola, me alegro de volver a verte. -Dijo ella

-Hola, Yo también me alegro. ¿que tal?

y luego mientras pensaba en de qué se conocerían, se le escapó casi como un murmullo:

-¿No deberíamos ir a un sitio más tranquilo?

-Bueno, no creo que haya muchos sitios más tranquilos que este, dijo ella, mientras con un leve giro de su cabeza, miraba por la ventana polarizada una escena en la que la Galaxia formaba un cordón lechoso y contrastaba con un fondo negro y azulado.

-Quizá más tranquilo en estos tiempos no encontremos nada, tienes razón, pero si podemos ir a algún lugar más recogido, o al menos con menos radiación.

Pensó en explicarle a la mujer que la ventana polarizada filtraba cierto espectro de ondas pero había otras muchas que no eran adecuadamente filtradas, pero se dió cuenta de que ella ya era consciente de eso y tampoco era tan importante.

-Ven, acompáñame

Le dijo ella, mientras tomaba su mano derecha y le dirigía a la zona de los ascensores. No seas impaciente.

Antes de llegar, ella se detuvo frente a un hueco de emergencia, y le hizo entrar a el. Era una zona reducida, de 5 metros de lado y forma cuadrada, era una zona de servicios de seguridad en la que dos puertas enormes se cerraban rápidamente en caso de despresurización, aquí no hay cámaras instaladas, pensó el.

Ella se situó frente a la pared central y soltando su mano, hizo un gesto, y de la pared que aparentemente era maziza, se abrió una ranura y en unos segundos una puerta se había deslizado dejando un corredor negro a su paso.

-Acompañame.

Le dijo con firme dulzura, mientras el trataba de recordar el diseño de la estación espacial que conocía, para saber si había conductos reservados.

-Relájate, y confía en mi.

No tenía otro remedio, la puerta se había cerrado a su paso y el espacio que se habría ante ellos era completamente negro. El sólo sabía que ella estaba allí porque la oía hablar. Intentó escuchar el ruido de su respiración, pero no pudo.

De repente, estaban en una estancia de relax, había una cama, con una mesita de noche y una pantalla de imágenes. Había una ventana blindada que parecía filtrar otro rango del espectro visual. Había también una sala de estar con varios sofas y lo que le sorprendió es que hubiera flores. Pero su olfato pronto le dió otra sorpresa y fue el dulce olor de un suave incienso natural. No se alarmó, porque ya se esperaba cualquier cosa.

- ¿Quieres agua?

Le dijo ella.

- Si, gracias.

Ella le sirvió un vaso de agua desde una jarra transparente que debía contener al menos dos litros de agua, y le indicó con un suave además que se sentara.

El miró y dió un paso atrás para sentarse en un gran sofá blanco, mientras ella se acomodaba en otro, cercano.

- Mira, se que me conoces pero crees que no me has visto antes, todo esto tiene una explicación.

- Me alegra que seas tan directa, sigue por favor.

Ella continuó mirándole a los ojos, mientras gesticulaba con las manos grácilmente, era una condensación tal de serenidad y armonía que el pensaba que no tenía muchas posibilidades de que fueran a tener una relación.

- Hace mucho tiempo que se creó un grupo de personas para proteger la humanidad. Ese grupo no tienen nombre y no existe oficialmente. Una de las tareas que tiene encomendadas es la de proteger y tutelar la evolución de la humanidad. Como ya sabes ultimamente las cosas no han ido bien, y estamos haciendo un esfuerzo por garantizar que los exiliados del imperio tengan acogida en un sitio seguro. También queremos que se encuentre un lugar donde se pueda establecer desde el inicio un sistema que evite volver a tener las rivalidades que nos han llevado a este punto.

El pensó en replicar que la única rivalidad se basaba en la incompetencia y egoísmo de los radicales, pero sabía que estaba reaccionando y que lo que decía la mujer era profundo, cierto y estaba seguro que tenía que ver con el plan de colonización.

- Es importante realizar una colonización ordenada, en la que el planeta, no sufra los mismos castigos que sucedieron en la tierra. También es importante cuidar de que todo el mundo pueda trabajar y sentirse libre.
No vamos a consentir situaciones de desigualdad, pero antes de que intervengamos, me temo que vamos a tener que resolver un asunto más urgente.

En ese momento, la mujer cada vez más misteriosa, hizo un ademán y en la pantalla de proyección apareció el planeta destino y sobreimpresa la palabra Mouro. El gráfico evolucionó hasta mostrar un esquema de la situación actual. Se veía la posición de las naves, el planeta, las lunas y unos planetoides cercanos. El lo vió familiar porque ya conocía ese esquema.

-Ahora viene lo que necesitas saber:

En el esquema se hizo un zoom alejando todo en la vista, mostrando el segundo sol del sistema y todos los planetas del primero, y apareció una orbita elíptica muy alargada de algo que parecía ser un cometa, en ese momento, comprendió. Las orbitas del cometa y la ruta de la flota iban a intersectar en un punto antes de llegar al planeta.

Eso significaba sólo una cosa, que no podrían llevar a cabo el plan tal como lo estaban diseñando. Y probablemente que millones de personas serían barridas por la cola del planeta, si tenían la suerte de no continuar como parte del núcleo.

-Entiendo, dijo el.

-Si, pero no hay tiempo, es inevitable y es parte de lo previsto.

Respondió ella.

-Bueno podríamos intentar una dispersión de la flota o una corrección de la ruta.

Pero el sabía que cualquiera de las dos cosas no evitaría el impacto del cometa o bien pondría en duda la posibilidad de llegar a Mouro.

- ¿Que podemos hacer? No podemos declarar una emergencia que no serviría de nada, y tratar de contener a la población en las zonas escudo no se puede hacer mucho tiempo.

-Tampoco estarán a salvo, lo único que sería util es preparar los esquipos de rescate y distribuir a los responsables del plan en las distintas naves, más pequeñas y robustas.

Ella no sonreía, pero mantenía l serenidad en su rostro, tenía una fuerza que emanaba de algo poderoso y que el no acertaba a adivinar.

El pensó en voz alta, con la mirada ligeramente perdida.

- Podríamos hibernar a la población y esperar a llegar al planeta.

- Tendrías que demostrar que tienes pruebas de lo que va a pasar y si lo haces nunca más confiarán en la flota.

- ¿Cuanto tiempo tenemos?

- No hay tiempo.

- ¿Que hacemos aquí entonces? ¿Dónde estamos?

Hubo un silencio prolongado y el espetó:

- ¿Quién eres?

- Bueno, ha llegado la parte interesante.

Dijo ella, sonriendo. Sabía que el estaba procesando mucha información y que estaba de repente encontrando que estaba metido en un lío del que quizá no sobreviviría. Y continuó:

-Debes saber que nos ya nos conocemo, he estado siguiendo tu evolución y he asistido a varias de tus clases magistrales, pero nos conocemos de mucho tiempo atrás. Perteneces a una hermandad que ha prometido cuidar de la humanidad, has tenido muchas otras vidas y algunas de ellas, bastantes, gloriosas. Ahora no lo sabes, pero pronto empezarás a recordar, y es importante que seas consciente de que estás aquí para cumplir una misión que tu mismo decidiste.

-¿Ah si?, ¿Llevar a la muerte a varios millones de personas?

-No, salvar a los supervivientes, velar por su seguridad y asegurarles un futuro.

- ¿Y cuando me he comprometido yo a eso?

El estaba empezando a estar visiblemente enfadado. Se estaba encolerizando a pesar de que sabía que no podía hacer nada, esta mujer le estaba sacando de quicio, pero no era ella, era su falta de control.

- Has venido para hacer eso, no existen las casualidades, estás aquí y salvarás a tu pueblo.

- ¿Cómo podéis permitir esa matanza? - dijo casi gritando- , si tenéis esos datos ¿Porqué no los habéis compartido?

- No lo creerás pero lo hicimos.

- ¿Qué?- gritó él saliéndole como un alarido desde el estómago. - ¿Cuando? ¿Quien ha pasado esto por alto?

-¿Olvidas que hay elecciones dentro de poco para renovar la direccion de la flota? Ese es el problema que has de evitar en Mouro.

-¿Cual es tu nombre? ¿Quién eres tú?

-No importa, lo único relevante ya ha sucedido, y el resto lo harás tu mismo.

-Espera… ¿Porqué me has traido aquí?

Ella se giró hacia la ventana, mientras el tenue azul de fondo se veía salpicado de resplandores y diminutas nubes de gas y polvo.

El no podía creer lo que estaba viendo, la flota estaba en el campo de visión, con su estructura clásica, las estaciones espaciales, los cruceros, los grandes hornos y naves de transporte y una pléyade de transbordadores y naves de servicio.

Esa formación distorsionada estaba siendo barrida por una nube amarilla que debía ser la cola del cometa. Los puntos rojos eran seguramente naves explotando o depósitos de combustibles hipergólicos reaccionando, y las nubes blancas serían los restos de material de naves arrasadas por el cometa y chocando entre si.

Unas lágrimas se asomaron por sus ojos enrojecidos, mientras se llevaba las manos a la cabeza, consciente de que estaba sucediendo algo terrible.

Nunca un dolor tan grande había tenido un efecto tan rotundo en el como esa visión de destrucción que por otra parte tenía una plasticidad macabramente hermosa.

-mmm - Intentó articular algunas palabras pero su garganta se colapsó y no pudo decir nada. Volvió a probar y sólo pudo sollozar y lanzar algunos sonidos guturales.

Entonces la mujer, le pidió que cerrara los ojos, a lo que accedió.

Ella se sentó a su lado y le puso las mano derecha en la espalda, sobre su hombro, y frotó suavemente su pecho con la mano izquierda. Le habló cálida y suavemente:

- Has de volver y asegurarte de que esto no vuelva a ocurrir. Ha de ser una colonización libre de jerarquias y justa con el planeta. Ha de ser un lugar donde el amor y la armonía han de ser lo primero. La libertad y el respeto han de crear el orden que necesitareis.

Continuó hablandole, mientras el sollozaba:

- Debeis resurgir de vuestro interior con la fuerza que vuestra conciencia tiene, hacedlo perfecto, no os preocupeis por como parece, sino por como os sentis con ello. Y todo el mundo que participe ha de estar en sintonía. Pasó un tiempo en silencio y dijo: Ahora debes descansar.

El cayó agotado y durmió. Cuando despertó estaba sangrando y dolorido en una pierna.