04.23.08
La niebla en Archilla
Llegando a Archilla por la carretera desde Sacedón, la humedad del Tajuña comenzaba a colapsarse en forma de niebla que formaba pequeños bancos discontinuos, casi recortados geométricamente. No era una niebla habitual, ni tan poco densa. Se estaba materializando poco a poco en el valle y se veían fibras de nube formándose, se apreciaba esa humedad magica de las noches de la primaverala temprana.
Y en medio de esa magia que sólo puede darse en un leve valle como ese a la bruja hora de las 12 de la noche, aparecen esas criaturas que parecen escoger o decidir el tiempo en el que se las ve.
Había tanta magia que parecían seres espectrales, salvo porque tenían cuerpos muy físicos.
El primero era un sapo grandote y estaba cruzando a buen ritmo la carretera sobre las cuatro patas sin reptar para nada, parecía un cocodrilo enfadado dispuesto a abrir la puerta indignado o a arrancar la bandera del hoyo 18.
El segundo parecía más acomodado en su posicion de dominio, irguiéndose hacia arriba y creciéndose, con los ojos reflejando como perlas amarillas.
Tuve cuidado en ambos casos para no pisarlos y por la mañana al salir del pueblo con luz diurna, me fijé en los lugares del camino, pero no vi sapos aplastados ni restos aparentes. Me alegré, aunque estaba seguro de no haberlos ejecutado con mi dino metalico.
Que magia tan oportuna, y que regalo tan increible.
Hoy vi uno al pasear y lo sostuve en mi mano, este debería tener unos meses, con un tamaño de unos 3 centímetros era realmente fuerte.
Bueno, así de mágica y agradable es la vida. Gracias!
tecolote dijo,
Abril 27, 2008 en 10:28 am
No hay que olvidarse de los sapos, no señor. Pero hay que saber verlos, y se nos olvida muy a menudo. Nos vemos por ahí. Un abrazo.