03.06.08

El dilema electoral

Publicado en Uncategorized en 8:21 pm por devta singh

Hace mucho que pienso que gran parte de los problemas de la democracia se resolvería si se admitiera el voto porcentual: una persona cien votos. De esta forma los partidos pequeños (los verdes, los rojos irredentos los fachas imposibles y demás fauna medrarían a costa de sacar un 1% de aquí y otro de allá.

En las elecciones actuales tengo claro que ninguno de los grandes va a resolver mis problemas y lo que es peor que a ninguno de los dos le importan mis problemas. ZP y Rajoy sólo piensan en ganar y luego veremos. Uno hacer catastrofismo (ZP) acerca de si gana el otro. Y el otro -Rajoy- lo hace sobre lo que ya ha hecho el uno. Ambos exagerando.

Y yo me digo ¿porque he de creer en el voto del miedo y pretender hacer algo útil con mi voto, cuando ellos no lo van a hacer por mi, ni para mi?

Además  la cuestión no es cual de los dos ha de ganar, sino ¿porque sólo dos pueden ganar? ¿somos acaso tan mediocres grises y limitados los españoles?

Así que no, mi voto ira para otros, para que aunque saquen uno o ningún escaño, poco a poco vayan haciendo un parlamento más colorido, más representativo de la realidad.

Espero que gane el menos tonto, pero que gobierne para todos y con todos, si no, no vamos a ninguna parte.

Sat Nam

1 comentario »

  1. tecolote escribio,

    Marzo 12, 2008 en 11:31 pm

    He visto esto en un blog de Santiago González, a lo mejor te hace gracia:

    “Apaña’ es el prototipo de serie estructurada igual que esos videojuegos en los que se trata de conseguir pistas y resolver enigmas que te permitan avanzar a nuevos niveles, en los que habrá, además de más enigmas y más pistas, una puerta hacía un tercer nivel, y así sucesivamente. Como en la mayoría de las historias de suspense e intriga, el secreto está no tanto en lo que ocurre (que muchas veces es de lo más simple) ni en cómo ocurre (ídem de ídem), sino en cómo te lo cuentan. La clave está en aportar al espectador (o al lector, en el caso de un libro) trozos de información jugosos pero insuficientes, descolocados y revueltos. Se trata de dosificar los datos relevantes, agregar algunos irrelevantes (pero que a primera vista parezcan imprescindibles) y colocar todo lo anterior en una trama base más o menos lineal. En ‘Apaña’ se nos bombardea con información, pistas, datos, enigmas, flashbacks, giros, giros que no son giros y retruécanos, pero a la vez se nos escatiman abiertamente las claves de todo el asunto. Y todo esto en una isla preciosa, maravillosamente filmada y con unos dirigentes que como intérpretes son limitados, pero a cambio cuentan con una fotogenia fuera de lo normal. Ojo, que esto último no lo digo con segunda intención: para un político, ser fotogénico es una gran ventaja y algo imprescindible si pretende llegar a estrella.
    “Apaña” tiene los guiones más manipuladores de la historia de la televisión. No tengo muy claro que estén muy trabajados. De hecho me temo que están primero escritos y posteriormente cercenados, que la manera de negarnos datos es precisamente esa. El sistema funciona (¡y cómo!) y los espectadores se enganchan tanto a los propios capítulos de la serie como a la infinidad de páginas web dedicadas a ella. Algunas de esas webs son auténticas obras de arte, tan retorcidas (y a veces deliciosamente enfermizas) como el objeto al que rinden culto. Las teorías sobre lo que va a pasar en los próximos capítulos (¡o sobre lo que está pasando realmente en los que ya hemos visto!) proliferan por la red de mala manera. Los propios productores de ‘Apaña’ aprovechan todo esto y nutren a sus ávidos y sumisos (tampoco en sentido peyorativo, que os veo venir) seguidores con más piezas de rompecabezas, algunas de las cuales no encajarán jamás, por mucho que les recortemos los bordes.
    Engancharse a ‘Apaña’ es de las cosas más fáciles del mundo. La serie es, nos guste o no, una obra maestra de la televisión, un producto de enorme calidad, apasionante, adictivo y muy sádico. Es una serie genial, pero su responsable, el señor (…) no es ni mucho menos un genio. ‘Apaña’ es por ahora el punto álgido de su carrera, superando a ‘Transición’, y algunas de las caves de su éxito están tan por explicar como la propia serie. ‘Intervalo’, a la que yo tengo mucho cariño, le funcionó fatal y ‘Humildad’ (Mano Tendida) su pretenciosa última película, es mala con avaricia. Con la nueva entrega cinematográfica de ‘Star Trek’ también en sus manos, (..) podría convertirse por fin en el genio que seguro cree ser o acabar devorado por su propio (y este sí realmente monstruoso) ego. Mientras tanto, ahí anda, torturándonos con la islita maldita

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