12.28.07

El polvorín en llamas

Publicado en Uncategorized en 11:57 pm por devta singh

El polvorín de los dintintos orientes próximo y medio, no hacen más que debilitar las posibilidades de normalización democrática.

Lo interesante de todo esto es que nosotros (occidente) se plantee siquiera la “normalización democrática”.

El problema de Oriente medio, así como de la mitad de países árbes en general e islámicos (y no necesariamente árabes) en particular es la inestabilidad política. A menudo esa inestabilidad política surge de una inestabilidad económica y de una presión demográfica con un montón de problemas sin resolver.

Por su puesto que la política exterior y la economía global no es la única causa, pero si un factor más que importante.

No se puede exigir que otros países se normalicen cuando la presión de nuestros paises supuestamente normalizados no ayuda y no sopla en esa dirección.
Por ejemplo, en el caso concreo de Pakistán, el general Mussaraf no ha cedido el poder militar hasta que el pueblo se le echó encima, aún así, se ha perpetuado en el poder, como presidente del país. Muy probablemente si no hubiese tensado la cuerda tanto, no habría habido la espiral de violencia que en parte ha producido la muerte de Benazir Bhuto.

Y francamente, si los aliados (EEUU) no hubiesen mantenido el apoyo a Musarraf no habría podido aguantar tanto.

Cuando uno desea la democracia para uno ha de desearla para los otros y lo que no cabe es el miedo. Es posible que las cosas salgan mal y se vuelvan en nuestra contra, pero eso es parte del juego de poder entre países. Si tenemos miedo del resultado de la democracia en otro país, es porque no tenemos claro que funcione en el nuestro.

Otro ejemplo es Rusia con su nuevo Zar, Vladimir Puttin. Amasando durante su mandato una propina de más de 30.000 millones.
Se retira como presidente, pero deja a un testaferro que intentará cambiar la constitución para que su jefe pueda repetir sin límite.

Hemos de tomar ejemplo de lo sucedido en Venezuela, donde el pueblo ha votado en contra del mandato ilimitado que el cambio constitucional de Chavea proponía.

Si queremos lo mejor para los demás, hemos de apoyarles como nos gustaría que nos apoyasen a nosotros, limpiamente, defendiendo los principios elementales, los derechos humanos, la libertad de voto, la igualdad de hombres y mujeres, e impulsar el conocimiento o y la cultura (incluso otras) para que cada uno elija como quiere desarrollarse.

Imponer (o derrocar) líderes tiene consecuencias tan interesantes como las que llevamos decenios observando en Irak e Iran.

Y mantener una posición de fuerza contra dictaduras como la de Cuba no resuelve el problema de nuestra ambigua relación con otros regímenes. Empezando por Marruecos, y acabando por Turkía.

Seamos sinceros y confiados, abramos la mano y juguemos limpio.

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