11.20.07
Los blogs y la intimidad de los que nos rodean
Hace unos días una persona a la que apenas conozco, pero comencé a tomar aprecio me hizo un comentario.
¿No crees que cuando publicas un comentario conteniendo información -especialmente si es una anecdota sucedida o contada por un tercero- esa persona está de alguna manera indefensa o en inferioridad de condiciones?
Me dejo pensando varias semanas.
La verdad es que si, es cierto, pero lo voy a tomar como el mal menor de la era que nos ocupa, y me explicaré.
Si alguien me cuenta algo y lo divulgo entre sus amigos es muy fácil que se reconozca al informador y se comprendan más cosas. Yo procuro no revelar quien es y tampoco cuento todo lo que me ha transmitido, sino, sólo lo que para mí es la parte nuclear -y esta es la que me ha hecho resonar a mi, que quiźa no sea así para otros-.
Sin embargo estamos en un contexto pre-acuariano, la información es ubicua y ya no va a haber secretos, además la cantidad de lectores aunque potencialmente sean millones, en la práctica serán unas pocas decenas o cientos que mayormente no tendrán ninguna relación con el informandor.
Si el objeto de mis comentarios fuera la mofa o la burla o fueran hirientes para los protagonistas de mi vida (Sólo escribo sobre cosas que pasan en mi entorno -claro que ¿qué no es entorno ahora?-), entonces si estarían en inferioridad de condiciones, pero no creo que sea el caso.
De hecho lo que creo es que yo estoy más expuesto, por publicar lo que pienso.
En fin, es el eterno debate llevado a los blogs.
Para mi publicar es compartir una reflexión, a menudo precipitada, otras veces serena y madurada largo tiempo, pero es en definitiva transmitir, Y eso me ayuda a hacerme acuariano, a practicar el ser más transparente. No espero pontificar ni sentar cátedra, me basta con decir lo que pienso y procurar no herir a nadie (tarea realmente imposible, ya que no se podría hablar de nada valorándolo, empezando por los políticos, el sistema, etc). Me basta con contar lo que veo.